Enamórate de las miradas que se convierten en llave y abren tus barreras.
Déjate impresionar por esa persona que no te dio la mejor primera impresión, pero que ahora es la primera en levantarte tras cada caída.
Enamórate de cada sueño y de cada insomnio.
No te resistas a experiencias que vayan a cambiarte, porque lo más probable es que consigan arreglarte.
Enamórate de sentimientos. De los negativos. Enamórate de la rabia que se alberga en tu pecho, del odio que hace que te hierva la sangre, de la incertidumbre que hace que devores tus uñas, del dolor de la traición, de la inseguridad que no te deja dar un paso adelante sin mirar atrás.
Pero sobre todo de los positivos.
Enamórate de la esperanza que no te deja caer, de la fe que te ayuda a crecer, de la confianza que te abre puertas, de la empatía que te acerca a las personas, del amor que no duele y que llena, de la bondad que genera más bondad.
Enamórate de abrazos que salvan vidas, de besos que quitan al aliento, de miradas que significan mundos.
Enamórate de la vida. De la vida con sus contradicciones, con sus giros inesperados, con sus precipicios ocultos. Pero también de sus sorpresas, de las personas que cruza en tu camino y te sacan miles de sonrisas.
Enamórate una y mil veces. Enamórate cada día. Cada hora. Cada minuto.
De cada persona que conoces. De los recuerdos de las que conociste y también de la idea de las que conocerás en el futuro.
Déjate impresionar por esa persona que no te dio la mejor primera impresión, pero que ahora es la primera en levantarte tras cada caída.
Enamórate de cada sueño y de cada insomnio.
No te resistas a experiencias que vayan a cambiarte, porque lo más probable es que consigan arreglarte.
Enamórate de sentimientos. De los negativos. Enamórate de la rabia que se alberga en tu pecho, del odio que hace que te hierva la sangre, de la incertidumbre que hace que devores tus uñas, del dolor de la traición, de la inseguridad que no te deja dar un paso adelante sin mirar atrás.
Pero sobre todo de los positivos.
Enamórate de la esperanza que no te deja caer, de la fe que te ayuda a crecer, de la confianza que te abre puertas, de la empatía que te acerca a las personas, del amor que no duele y que llena, de la bondad que genera más bondad.
Enamórate de abrazos que salvan vidas, de besos que quitan al aliento, de miradas que significan mundos.
Enamórate de la vida. De la vida con sus contradicciones, con sus giros inesperados, con sus precipicios ocultos. Pero también de sus sorpresas, de las personas que cruza en tu camino y te sacan miles de sonrisas.
Enamórate una y mil veces. Enamórate cada día. Cada hora. Cada minuto.
De cada persona que conoces. De los recuerdos de las que conociste y también de la idea de las que conocerás en el futuro.