Te has ido y has dejado las sábanas heladas. No hay manera de que vuelva ahí dentro yo sola. No me atrevo a enfrentar el frío sin ti. No me atrevo a enfrentar el frío que dejas en mi mente y en mi pecho cada vez que te vas con esos ultimátums cayendo de tu boca. No me atrevo a muchas cosas. No me atrevo a los extraños. Y no me atrevo a ti cuando te extraño.
3 am:
Te he llamado y no contestas. Te he llamado al móvil y a gritos desde mi ventana. Vuelve aquí, que te prometo que yo te espero el tiempo que necesites. Pero vuelve. Que las paredes cada vez se acercan más y el suelo se está hundiendo. Yo me quedo aquí, en esta esquinita sentada a oscuras. Llama cuando llegues.
4 am:
Te juro que no quería decir nada de lo que te he dicho. Te lo juro. Y que no te lo voy a decir más, también te lo juro. Que ya sé que eres así. Que lo sabía desde el principio y aun así probé. Y seguiste siendo tú y yo me quedé. Tienes razón en eso de que ahora no puedo reprocharte nada. Así que perdóname y vuelve.
5 am:
Te odio. Sé lo que estás haciendo. Crees que soy lo suficientemente estúpida para aguantar tus huidas. Pero ha sido suficiente tener que aguantar tus cambios de humor, tus manías, tus retos y tus paranoias. Estoy harta. Estoy harta de ti y de mí cuando estoy contigo. Estoy harta de solo verte a ti y de esconderme yo. Estoy harta de que cada vez que te montas una historia inverosímil en tu mente, me arrastres al centro de la trama y me hagas más pequeña cada vez.
6 am:
Resulta que me echo de menos. Echo de menos levantarme con un propósito propio. Echo de menos la libertad de no tener que dar explicaciones a nadie, de poder aislarme y no tener que rendirte cuentas después. Echo de menos la ilusión por algo que no sea verte. Echo de menos ser yo. Ser yo sin ser juzgada. O, por lo menos, sin que los juicios me afecten hasta modelarme a su estándar. Echo de menos mi vida sin ti, pero me da miedo que te vayas de mí.
7 am:
Ya no quiero que vuelvas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario